Beatriz Palma Roeschmann,Trayectoria Profesional

“Hola, soy Bea. Nací con fisura palatina, lo que marcó el inicio de un camino lleno de desafíos: once cirugías y años de bullying que, finalmente, ayudaron a forjar mi carácter y me enseñaron a ver el mundo desde una perspectiva única. Como arquitecta egresada de la Universidad de Chile, siempre busqué construir puentes – no solo físicos, sino emocionales. Mi primer encuentro con el maquillaje fue personal y casi instintivo: lo usaba como refugio, como una forma de esconderme del mundo. Con el tiempo, esta herramienta que inicialmente era un escudo se transformó en un pincel para resaltar mi esencia y en el camino que me llevaría a descubrir mi verdadera vocación..”

Mi trabajo como maquilladora

Mi pasión por el maquillaje me llevó a fundar tres estudios profesionales, el último llevando mi propio nombre. Me fascinaba ver cómo unas pinceladas podían cambiar no sólo la apariencia de una persona, sino también su confianza y su forma de enfrentar el mundo. Durante años, me dediqué al maquillaje social, trabajando con novias y quinceañeras en momentos importantes de sus vidas. También incursioné en el maquillaje editorial, colaborando en sesiones fotográficas y producciones que me permitieron explorar el lado más artístico y creativo de mi profesión.
En esta etapa, tuve la oportunidad de dar charlas, asesorías y capacitaciones sobre técnicas de maquillaje. Me convertí en influencer y embajadora de marcas como Urban Decay de L’Oréal e It Cosmetics, compartiendo mi conocimiento y visión sobre cómo el maquillaje puede ser una herramienta de transformación personal.
Sin embargo, siempre me inquietó el “efecto Cenicienta” del maquillaje tradicional – esa transformación mágica pero efímera que desaparece al final del día. Quería crear algo más permanente, algo que acompañara a las personas más allá del espejo.

Mi evolución como micropigmentadora

Esta búsqueda me condujo a convertirme en pionera del microblading en Chile, una técnica que permite recrear cejas naturales pelo a pelo. Con cada persona que pasaba por mi estudio, descubría más sobre el poder transformador del arte sobre la piel. No se trataba solo de estética, sino de devolver a las personas una parte de su identidad. Mi curiosidad y deseo constante de perfeccionamiento me llevaron a especializarme en diferentes técnicas de micropigmentación estética. Aprendí a recrear labios, delinear ojos y lograr efectos naturales duraderos que mejoraban significativamente la confianza de mis clientas.

La micropigmentación representó un nuevo desafío técnico y artístico. Requería precisión, conocimiento anatómico, y una sensibilidad especial para respetar y realzar la estructura facial única de cada persona. Me especialicé en desarrollar un estilo natural que realzaba la belleza propia de cada rostro sin resultar artificial.
Esta etapa fue fundamental en mi desarrollo profesional, pues me permitió perfeccionar mi técnica y entender que el impacto de mi trabajo iba mucho más allá de lo estético. Comenzaba a percibir el efecto terapéutico de estas intervenciones en la autoestima y bienestar emocional de las personas.

Micropigmentación paramédica y oncológica

La micropigmentación paramédica abrió un mundo nuevo para mí. Conectar con otros profesionales, especialmente dermatólogos y oncólogos, me permitió comprender las necesidades específicas de pacientes con condiciones médicas complejas. Trabajar con personas con vitiligo, alopecia, o quienes habían perdido sus cejas tras quimioterapias, me enseñó que mi arte podía ser mucho más que estético – podía ser profundamente terapéutico. Cada trazo sobre la piel no solo restauraba un aspecto físico, sino que devolvía algo fundamental: la sensación de normalidad, de reconocerse nuevamente al mirarse al espejo.

La colaboración con dermatólogos y oncólogos enriqueció enormemente mi perspectiva. Estos profesionales vieron en mi trabajo una herramienta complementaria para sus pacientes, lo que me permitió entender la micropigmentación desde un enfoque más integral, donde la estética y la salud no son dimensiones separadas, sino complementarias.

En 2023, fui invitada como la única exponente no médica al Curso Internacional de Terapéutica Dermatológica de la Universidad de Chile, donde pude validar ante más de 430 profesionales de la salud que las soluciones estéticas tienen un componente terapéutico innegable. Este reconocimiento fue un hito importante que consolidó mi postura sobre la validez de las respuestas estéticas como soluciones terapéuticas.

My Nipp: innovación con propósito

Fue trabajando con mujeres que habían atravesado mastectomías cuando identifiqué una necesidad no cubierta por la medicina tradicional. Muchas pacientes, incluso después de cirugías reconstructivas, sentían que algo fundamental les faltaba: el complejo areola-pezón, esa parte del cuerpo tan íntimamente ligada a la feminidad y la identidad corporal.

Así nació My Nipp en 2022, una alternativa a la reconstrucción mamaria tradicional que une arte, ciencia y tecnología. Desarrollamos prótesis externas de silicona del complejo areola-pezón, hiperrealistas, hechas a mano, personalizadas y biocompatibles. Estas prótesis no solo restauran la estética, sino que tienen un profundo impacto físico, psicológico y emocional en las pacientes.

El desarrollo de My Nipp ha sido fruto de una colaboración constante entre distintas disciplinas. Desde 2023, trabajo en I+D+i junto al Make iT Lab de la Universidad San Sebastián y especialistas en caracterización y efectos especiales, para desarrollar moldes digitales, sistemas de impresión 3D e incorporación de inteligencia artificial que nos permitan ampliar el acceso a estas prótesis.

Mi visión es clara: que soluciones como My Nipp sean accesibles para todas las mujeres, sin importar su situación económica. Por eso trabajo con fundaciones oncológicas como Care, Mujeres por un Lazo y Previene Perú, así como con empresas como DGMed, WOM, Caja Los Andes, Banco de Chile y Pfizer, implementando programas que esperamos escalar a nivel nacional.

My Nipp ha sido reconocido en concursos de emprendimiento e innovación como Genias, TECLA 6 y Desafío Emprendedor Banco de Chile, validando que la innovación en salud puede transformar la vida de las personas desde un enfoque integral y profundamente humano.

Reflexión final / En Resumen

A lo largo de más de 20 años de trayectoria, he llegado a una conclusión fundamental: la belleza, cuando se entiende desde el respeto, el arte y la ciencia, puede ser una herramienta profundamente transformadora. No se trata de cubrir o esconder, sino de sanar, de empoderar, de devolver a las personas la posibilidad de reconocerse y aceptarse tal como son.

Mi historia personal me ha enseñado que nuestras cicatrices, visibles e invisibles, pueden convertirse en nuestra mayor fortaleza. Hoy, cada prótesis que creamos, cada ceja que reconstruimos, cada mancha que camuflamos, es un pequeño acto de sanación que va mucho más allá de lo estético: es un acto de reafirmación, de dignidad y de amor propio.

Esta convicción guía cada proyecto que emprendo y cada innovación que desarrollo. Porque al final, mi verdadera vocación no es la arquitectura, el maquillaje o la micropigmentación: es la construcción de puentes hacia la autoaceptación y el bienestar integral.

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